Salamanca, Guanajuato.— La mañana posterior al ataque armado ocurrido en los Campos de las Cabañas dejó una imagen difícil de asimilar: porterías marcadas por impactos de bala, ropa regada sobre el pasto, manchas de sangre y casquillos percutidos esparcidos en lo que horas antes era un espacio de convivencia deportiva.
La tarde del domingo 25 de enero, un grupo de hombres armados llegó al lugar a bordo de varias camionetas y abrió fuego de manera indiscriminada contra jugadores y asistentes que presenciaban un partido de futbol amateur. El saldo preliminar fue de 11 personas fallecidas y más de 12 heridas, algunas de ellas de gravedad.
Diez de las víctimas murieron en el sitio, mientras que una más perdió la vida posteriormente en un hospital. Entre los fallecidos se encuentran jugadores, espectadores, una mujer y al menos un menor de edad, lo que incrementó la indignación y el dolor entre familiares y habitantes del municipio.
Con las primeras luces del día, el campo de futbol se convirtió en un testimonio mudo de la violencia: el pasto dañado, las graderías vacías y los restos del ataque evidenciaron la magnitud de la tragedia que sacudió a Salamanca y volvió a colocar a Guanajuato en el centro del debate nacional sobre la inseguridad.
Autoridades locales y federales condenaron los hechos y confirmaron el inicio de las investigaciones correspondientes. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, informó que existe coordinación con el gobierno del estado para dar con los responsables y esclarecer el ataque.
El hecho ha reabierto la discusión sobre la vulnerabilidad de espacios comunitarios y deportivos, lugares que históricamente han sido puntos de encuentro social y que hoy, en varias regiones del país, también se ven alcanzados por la violencia.
Fotos: redes sociales

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